JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (AZORÍN)

VIDA azorin


Nace en Monóvar (Alicante) en 1873, estudia en las Universidades de Valencia y Madrid (donde se establecerá). Fue crítico y traductor en periódicos y revistas.

Tuvo una vida tranquila con muchos viajes por España y Francia, ingresó en la Real Academia Española que posteriormente dejó de asistir.

En sus últimos años vivió recluido en sus lecturas y paseos solitarios hasta que muere en 1967 en Madrid.

OBRA

En la obra de Azorín destaca su producción novelística como por ejemplo: “La voluntad” en el que se ve un estilo nuevo propio de un reportero, “La Castilla” donde aparece una protesta social, “Al margen de los clásicos” en el que pretende revitalizar a los clásicos,…

El estilo de Azorín se caracteriza por su pureza, precisión y exactitud.

Veamos ahora un fragmento de la obra Castilla.

No puede ver el mar la solitaria y melancólica Castilla. Está muy lejos el mar de estas campiñas llanas, rasas, yermas, polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que los aluviones torrenciales han abierto hondas mellas; mansos alcores y terreros, desde donde se divisa un caminito que va en zigzag hasta un riachuelo. Las auras marinas no llegan hasta esos poblados pardos de casuchas deleznables, que tienen un bosquecillo de chopos junto al ejido. Desde la ventana de este sobrado, en lo alto de la casa, no se ve la extensión azul y vagarosa; se columbra allá en una colina con los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido. A esta olmeda que se abre a la salida de la vieja ciudad no llega el rumor rítmico y ronco del oleaje; llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodía, el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería. Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar; ven la llanada de las mieses, miran sin verla la largura monótona de los surcos en los bancales. Estas viejecitas de luto, con sus manos pajizas, sarmentosas, no encienden cuando llega el crepúsculo una luz ante la imagen de una Virgen que vela por los que salen en las barcas; van por las callejas pinas y tortuosas a las novenas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que se aplaquen las olas, sino que las nubes no despidan granizos asoladores.

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Published in: on marzo 20, 2008 at 9:23 pm  Dejar un comentario  

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